¿Debemos permitir a un adolescente convertir su dormitorio en picadero?

La semana pasada, la periodista de El Mundo, Mar Muñiz, me hizo una entrevista sobre si es acertado y responsable, permitir a un adolescente de 12 o 13 años, convertir su dormitorio en picadero, con cada uno de los rollos que fuera teniendo.

Luego, esta periodista, escribió un artículo en el que (entre otros puntos de vista diferentes al mío), puntualizaba lo que yo pensaba, desde una perspectiva estrictamente científica y profesional (y no personal).

Lógicamente, como la entrevista fue muy larga, no pudo incluir cada contenido abordado.

Como me gustaría que la leyerais, os la dejo aquí abajo completa con cada una de sus preguntas y mis respuestas. Al final dejo el enlace del artículo de esta gran profesional, que supo plasmar con maestría cada uno de mis razonamientos y puntos de vista.

Gracias Mar, ha sido un placer y un honor.

Dices: "-Cómo autocontrolarse si no se puede o buscar alternativas". Me gustaría que me explicases esto.
No me queda claro a qué te refieres.

En relación a la sexualidad, de forma muy resumida, la tarea fundamental de madre y padre es lograr que los adolescentes tengan las ideas claras, sean capaces de defender sus criterios con seguridad, sean responsables, autónomos y no improvisen con prácticas como ‘aquí te pillo, aquí te mato’.

Al igual que les enseñamos habilidades para gestionar la frustración en situaciones diversas de su vida, los adolescentes deben aprender a gestionarla en relación a las relaciones coitales.

No siempre será posible tenerlas o no siempre algún miembro de la pareja querrá tenerla. Las circunstancias serán diversas: no tendrán dinero para comprar preservativos, no tendrán sitio adecuado, algún miembro de la pareja no tendrá gana o lo considerará ‘muy pronto’, etc.

Tanto las chicas, como los chicos, tienen que saber que, si no se puede practicar el coito, deben buscar otras alternativas (lo que les va ayudando a interiorizar habilidades como el autocontrol).

Me paseo por toda España impartiendo conferencias a familias y adolescentes y me cuesta la vida que entiendan que la sexualidad es algo más que penetración. A lo largo de toda la vida y por supuesto durante etapas tempranas, se puede sentir placer con otras prácticas como caricias, besos, abrazos, tacarse con la mano, etc.

Con demasiada frecuencia aprenden sexo en películas porno y el centro de todos los actos es penetrar por ano, vagina o boca, y ellos (sobre todo ellos, según me cuentan las chicas en las conferencias) lo quieren reproducir tal cual.

Por eso es imprescindible que desde la infancia vayamos formándoles y hagamos ver que hay alternativas al coito (más seguras también de cara a embarazos e ITS) y si no se puede, no se puede.

Habrá adolescentes que sí crean que tienen derecho.
¿Cómo rebatimos los progenitores?

Numerosos trabajos empíricos clasifican como temprano el debut sexual si ocurre antes de los 15 años. La edad a la que se producen estas primeras relaciones sexuales y cómo se produzcan suele influir en la forma en la que se desarrollarán las posteriores.

Se muestra consistentemente que los adolescentes que tienen relaciones tempranas (a los 12 o 13 años, aunque sea en su dormitorio) tienen menos probabilidades de tener sexo seguro y más de tener ITS, embarazos, problemas emocionales y abusos por sustancias.

Otras investigaciones muestran que las adolescentes que comienzan temprano tienden a tener menor sentimientos de autoestima y mayor de vergüenza y culpa. Algo que no ocurre a los chicos.

Los resultados sugieren que es positivo que los adolescentes retrasen las experiencias sexuales con coito hasta que tengan formación e información sólida, una corteza prefrontal más desarrollada, mayores habilidades sociales, se conozcan a sí mismos y sepan tomar decisiones maduras acerca de lo que van a hacer y sus posibles consecuencias.

A edades tempranas es difícil tener clara la diferencia entre desear y consentir, tienen dificultades para decir ‘no’ y aceptar ese ‘no’, para no hacerlo por ‘quedar bien’ o ‘porque no quiero que se enfade’ y para decidir en cada momento cómo proteger la salud y bienestar personal y sexual.

Durante la preadolescencia o adolescencia no se tienen desarrolladas las suficientes habilidades para hacer todo esto con las garantías necesarias, ni fuera de casa, ni en casa.

Por tanto, si a estas edades, la corteza prefrontal que se encarga de las funciones ejecutivas (planificación, inhibición de conductas, empatía, autorregulación, anticipación de riesgos, toma de decisiones...) es muy inmadura, no debemos favorecer que realicen actos que poco les van a beneficiar porque a esa edad no tienen la madurez emocional, cognitiva ni física para comprender plenamente las implicaciones de la sexualidad.

Abrir su dormitorio a todas las parejas que, seguramente, irán teniendo hasta que llegue la adultez no va a ayudarles a confiar más en nosotros, no va a mejorar las relaciones familiares, ni mejorará su sexualidad futura.

También habrá padres y madres que estén de acuerdo. ¿Qué opinas?

Cuando escribo artículos o hago videos en Instagram (@carmenhijosconexito) nunca digo a madres y padres qué tienen que hacer. Yo aporto información empírica y en ocasiones doy mi punto de vista como profesional y madre.

Yo no juzgo las decisiones que tomen en cada momento. Solo analizo e informo.

En este caso aclaro por ejemplo que, la adolescencia temprana es una etapa de descubrimiento y desarrollo, donde es crucial que reciban una educación sexual integral, que les brinde información y herramientas para entender su cuerpo, sus emociones y las relaciones interpersonales de manera segura y respetuosa.

Nuestro papel como adultos es guiarlos, educarlos y establecer límites adecuados que les ayuden a tomar decisiones saludables.

No obstante, como en todos los aspectos relacionados con la educación, cada progenitor hará lo que crea más positivo para sus criaturas.

Mejor en casa, tranquilos, que en un parque o en un sitio inseguro.
¿De acuerdo o en desacuerdo?

En desacuerdo y me remito a la pregunta 2. Las razones son las mismas para decir que no pueden ir trayendo a casa a cada parejita de turno. A veces nos olvidamos que los adolescentes necesitan límites, también en lo relacionado con la sexualidad.

Me encuentro frecuentemente a madres y padres que piensan que la disciplina, las normas y los límites son perjudiciales y anticuados. No obstante, es la mejor forma de proteger a los menores y apoyar su desarrollo en un ambiente seguro y saludable.

El coito puede esperar. Hay un mito extendido entre algunos adolescentes que dice que, si no se usa ‘el órgano sexual’ se atrofia, supongo que lo dirá cualquier influencer de los que siguen en redes sociales. Es mentira y lo tienen que saber.

Deberemos razonar y explicárselo todas las veces que sea necesario. Durante la preadolescencia y adolescencia, las relaciones coitales deben pasar a un segundo plano y usar la casa familiar no debe ser una prioridad, ni un derecho.

Permitirlo es como ‘robar la infancia’ y podrá generar enganches a parejas que, de otro modo, se quedarían en meras experiencias adolescentes.

Permitir que usen la casa de picadero es consolidar ‘el noviazgo’, con lo que esto conlleva de lealtades a la pareja y familia a la que se ‘le ha cogido cariño’.

Permitir su uso no es por tanto una obligación, ni una recomendación.

¿Importa, a tu criterio, que sean novietes (rollos) o parejas consolidadas?

Importa (y mucho) la edad, también la consolidación de la pareja, la formación e información que hayan recibido y los valores familiares (pero como doctora en pedagogía y profesional no voy a entrar en la cuestión ‘valores’, porque son decisiones individuales de cada familia).

¿Existiría una edad en la que sí podríamos permitirlo y otra en que no?

Estamos hablado de algo muy serio, con posibles consecuencias a lo largo de toda la vida. Independientemente de que buena parte de la literatura revisada clasifique el debut anterior a los 15 años como temprano, no creo que sea buena idea recomendar a una madre o un padre, cual es la edad óptima para permitir que su joven adolescente utilice la casa como picadero con cada rollito que vaya apareciendo.

Somos el resultado de la educación que hemos recibido, del clima favorable que se viva en el hogar, del correcto modelado en la familia, del equilibrado uso del control, de la autonomía de las conductas, de la aceptación de las consecuencias de nuestros actos, de la conciencia que hemos creado en relación a lo que está bien o es inaceptable.

Es sabido que el sexo (que no la sexualidad) a edades tempranas, al igual que la falta de límites en horarios y comportamientos, tiene consecuencias negativas sobre el desarrollo emocional y cognitivo de nuestros menores.

Por tanto, la madre y el padre, con sentido común y de la responsabilidad, deberán decidir en qué momento deben permitirlo (o no), teniendo en cuenta, como hemos dicho anteriormente, sus valores, la edad de los adolescentes o jóvenes, la consolidación de la pareja y la formación e información de que dispongan.

La decisión debe ser consensuada atendiendo a cada caso, sin generalizar.

Algunos pensarán que fortalece la relación padres-hijos y negarse, en cambio, provoca distanciamiento y desconfianza.

Como he dicho anteriormente, cada madre y padre tiene el derecho a educar según sus valores, como lo estime oportuno.

No obstante, los trabajos empíricos están ahí. Sabemos que en el cerebro adolescente ‘pasan’ muchas cosas, se forman nuevas conexiones y fluyen numerosas sustancias químicas.

La adolescencia es una época en la que el cerebro tiene gran flexibilidad y euforia, lo que puede afectarle negativamente si no tiene el suficiente control y supervisión por parte de los adultos de su entorno, sobre todo, madre y padre.

Si proporcionamos en casa una completa educación en sexualidad, desde la infancia, si la comunicación es fluida y constante, si se razona incansablemente el porqué de cada concepto, si se establecen correctamente y con sensatez normas y consecuencias, no tiene porqué provocarse distanciamiento o desconfianza por no permitir que la casa sea un picadero para los rolletes de turno.

Si eso ocurre, es que no se han asentado adecuadamente las bases de la educación.

A muchos nos salen recursos "básicos" como 'todos nos hemos apañado como hemos podido. que ellos hagan igual'. Pero ese argumento no suele servir a las nuevas generaciones.
¿Qué 'compras' de ese argumento y qué no? (o quizá no compres nada...).

De este argumento no compro nada. Desde mi punto de vista es un error. Yo solo compro formación, información, razonamiento, comunicación, empatía, respeto, firmeza y mucho amor.

Dices: "Está demostrado, que aquellos jóvenes y adolescentes que han recibido una ADECUADA educación en sexualidad, retrasan la edad de su primera penetración". ¿Puedes ampliarlo?

Educar en sexualidad significa facilitar que los menores aprendan a conocerse, aceptarse, respetarse y respetar, disfrutar con lo que hacen y tener experiencias enriquecedoras, disminuyendo al máximo las probabilidades de sufrir consecuencias no deseadas.

No obstante, la sociedad y las familias están flaqueando en esta tarea. No estamos formando a la nueva generación. Mayoritariamente están siendo informados por las páginas porno, creyendo que tener sexo coital, de cualquier forma y manera, es un derecho.

Yo lo ilustro en mis conferencias a madres y padres con una frase que repiten los adolescentes cuando hablo con ellos: ‘un rapidito con ella a cuatro patas detrás de un seto’.

La sociedad ofrece a los adolescentes mensajes contradictorios sobre la sexualidad. Por un lado, incita al consumo, pero niega la educación sexual en la familia y en la escuela. Es como regalar un coche, sin enseñar a conducir.

Es un hecho constatado que existe relación directa entre la educación en sexualidad y el retraso en la edad de inicio de las relaciones coitales.

La evidencia científica muestra que además hay menor frecuencia de relaciones sexuales (que no de sexualidad como abrazos, beso, toques con la mano…) , menor número de parejas sexuales, menos comportamiento de riesgo y mayor uso de preservativos, así como mejora en la identidad personal, relaciones más saludables y reducción de la violencia y la discriminación.

Los estudios también demuestran que la educación sexual no aumenta la actividad sexual, ni los comportamientos de riesgo o infecciones. Por otro lado, los programas que enseñan solo abstinencia han demostrado ser poco efectivo.

Los adolescentes y jóvenes que retrasan el sexo coital, no son anticuados o carcas. Simplemente conocen un abanico tan amplio de alternativas sexuales, que optan por aquellas igual o más placenteras y con menos costes o consecuencias.

Son jóvenes con criterio que tienen claro que la opción no es ‘lo hago a pelo o no lo hago’.

No es cuestión de tener preservativo o una habitación propia. Es cuestión de tener talento.

Artículo de el periódico El Mundo AQUÍ

Soy Carmen López…

Doctora en educación, pedagoga, investigadora y fundadora de Hijos con Éxito.

Después de 30 años dedicada a la educación de familias y profesorado, quiero aportar mis conocimientos y experiencia para ayudar a construir una sociedad sana y equilibrada desde la educación de los más jóvenes.

Porque sin las herramientas adecuadas, la crianza se convierte en un camino difícil de transitar y lleno de culpas.

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