Cómo marcar normas y límites sin romper el vínculo

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Una de las tareas más agotadoras que tenemos madres y padres es establecer normas y límites a nuestras criaturas y además conseguir que las respeten.

 

Unas veces nos cuesta mantenernos en que no traspasen el límite marcado o en que se salten la norma establecida. Otras nos de pena ‘ponernos duros’ o simplemente evitamos los conflictos familiares porque estamos cansados, muchas ocupaciones o no

tenemos ganas de discutir.

 

Incluso hay quien piensa que las normas y los límites son perjudiciales porque coartan la libertad y frenan la creatividad.

 

Sin embargo, debemos concienciarnos de que son esenciales para vivir en sociedad y cuanto antes empecemos a marcarlos, mejor desarrollo integral tendrán nuestras criaturas.

 

La mayor parte de las normas y los límites no nos los inventamos en casa. Forman parte del mundo y de la sociedad en la que vivimos. Por ello, nuestras criaturas, desde la infancia, necesitan conocerlos para saber qué deben y qué no deben hacer y para aprender a no traspasarlos. Porque si no lo hacemos nosotros, la vida se los enseñará sin tanto amor. Tú no decides que la lejía es mala, que tirarse por el balcón como Spiderman es peligroso o que cruzar en rojo no está permitido porque es arriesgado.

Imagina que estás en el súper y tu hijo coge un dulce de una estantería, lo abre y se lo empieza a comer; imagina que todos los días deja su cama sin hacer o que no hace los deberes ni estudia.

¿Vas a mirar hacia otro lado? ¿No le vas a decir nada? ¿No le vas a guiar para que sepa hasta dónde puede llegar?

 

Los menores necesitan figuras que les aporten seguridad y les muestren lo que hay que hacer y esas figuras son mamá y papá.

No te estoy diciendo que les obligues a obedecer de forma ciega o que los eduques para que sean sumisos y dóciles. Estoy diciendo que en ocasiones tendrás que hacer que obedezcan por su salud, por su seguridad o su bienestar.

 

Nada desconcierta más a un menor que la ausencia de normas y límites. Para conseguir la mayor eficacia posible, deben ser marcados de manera eficaz, gradual y respetuosa:

  • La eficacia está relacionada con la firmeza para que respeten la norma sin necesidad de que estemos presentes ni repitiéndolo mil veces cada día. Si hay resistencia, deberemos ser firmes, usar un tono de voz seguro y un gesto serio sin necesidad de gritar. ‘Entiendo que estás disfrutando mucho jugando, pero ahora debes recoger los juguetes porque nos vamos a la ducha’, ‘sé que te apetece quedarte en la calle hasta más tarde, pero con tu edad no es recomendable, así que te recojo a las 21:30 en la plaza’.

  • Deben ser graduales, lo que significa que iremos disminuyendo el control y les explicaremos qué tienen que hacer paso a paso, sin prisas, motivándoles y con mucho cariño. Una niña y un niño no saben lo que está bien y lo que está mal, por ello deben ir aprendiéndolo progresivamente con nosotros cerca. ‘Sé que no te apetece dormir, sin embargo, cuando acabemos el cuento, apagamos la luz porque mañana hay colegio’.

  • Las normas y los límites serán respetuosas, precisas, claras, concretas y conocidas de antemano. No sirve de mucho decir ‘pórtate bien o sé bueno’. Hay que especificar a qué te estás refiriendo. ‘Después de merendar se recoge la cocina’, ‘no se ponen los zapatos en el sofá’ o ‘cuando no pones tu ropa en el cesto de la ropa sucia, no se lava’.

No es conveniente hacer una lista interminable de normas, por ello es necesario que seleccionemos los límites negociables y los no negociables, desde nuestra escala de valores familiares. Detallaremos en una lista lo realmente importante (innegociable) y lo menos importante (negociable). En relación a lo innegociable, seremos inflexibles en tres temas: salud, seguridad y respeto a los demás. 

La madre y el padre somos sus referentes, por tanto, seremos coherentes y respetaremos las normas que hemos puesto para los menores. En las conferencias me gusta poner el siguiente ejemplo: si en la mesa se come sin teléfono, la madre y el padre también lo colocarán en silencio en otra habitación. Toda la familia respetará la misma norma.

Es imprescindible establecer las consecuencias si no cumplen las normas. Las explicaremos con antelación de forma clara y concisa. Razonaremos sistemáticamente explicando el porqué y el para qué. Te aseguro que cuando entienden el motivo de la norma y su consecuencia, se implican en su cumplimiento.

Seremos firmes. Esto es, no cederemos ante cada norma pactada o innegociable y nunca haremos la vista gorda si es importante por alguna razón que creamos relevante. Si miramos a otro lado por cansancio o para evitar conflictos, sabrán donde está nuestro punto débil.

En todo momento mostraremos y verbalizaremos que los queremos y precisamente por ello decimos ‘no’, por esa razón marcamos normas y señalamos límites.

Les repetiremos las veces que haga falta que con estos actos les estamos entregando lo mejor de nosotros.

Más adelante, cuando comprueben que saben actuar y controlarse se darán cuenta de que su madre y su padre les han hecho el mejor regalo.

Educar es una tarea intensa, exige mucha entrega, sin embargo, el amor y la paciencia facilitan la tarea.

 

Por muy harta que estés (o harto, es que apenas me leen 6 o 7 padres) no tires la toalla, sé perseverante, mantente firme, amorosa y cariñosa (pero muy firme cuando lo estimes oportuno) ... verás los resultados a medio y largo plazo. Te lo aseguro.

 

No olvides que un menor sin límites no es más libre… está más perdido.

 

NOTA:

No cometas los siguientes errores:

  • Decir ‘no’… y luego ceder.
    Hoy dices no, mañana sí… y tu hija o hijo aprenden que insistiendo ganan.

  • Explicar demasiado.
    No necesitan un discurso de 10 minutos. Necesita un límite claro y firme.

  • Poner límites o consecuencias solo cuando tienes un enfado monumental.
    Anticípate siempre.

  • No amenaces, sé coherente.

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Soy Carmen López…

Doctora en educación, pedagoga, investigadora y fundadora de Hijos con Éxito.

Después de 30 años dedicada a la educación de familias y profesorado, quiero aportar mis conocimientos y experiencia para ayudar a construir una sociedad sana y equilibrada desde la educación de los más jóvenes.

Porque sin las herramientas adecuadas, la crianza se convierte en un camino difícil de transitar y lleno de culpas.

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